
El tiempo ha pasado con sus pesados pasos y apenas sin darte cuenta. Miras atrás y te das cuenta de que ya no eras esa adolescente con miedos a millares o inundada con preguntas e incertidumbres. No, has crecido y con ello te has transformado sin saberlo en una persona adulta. Te sientes con mayor seguridad, tal vez, alguna cuestión se habrá respondido, pero sigue sin ser fácil. Del mismo modo que tú has evolucionado casi sin notarlo, tus miedos e incertidumbres también se han transformado contigo. No se puede decir que hayan desaparecido del todo pero a lo mejor ahora has conseguido vivir con ellos sin que te afectaran tanto. En resumen, llegas a la edad adulta con un relativamente mayor control sobre tu vida. Personalmente, puedo decir que me siento cómoda en mi propia piel. He superado barreras y obstáculos, y en muchas ocasiones llego incluso a admitir que no cambiaría este momento por nada del mundo. Ya no me afecta tanto si la timidez es una carga para mí; me siento en paz conmigo misma, con los demás y en soledad; he dejado atrás tonterías e ilusiones. Parece que he llegado a un momento donde a simple vista (porque es simplemente una ilusión visual) he andado un gran trecho y no tendría que mirar atrás.
Sin embargo, a veces en mi más profundo interior quisiera que todos fueramos un poco como Peter Pan, por muy ridículo que suene. Como el niño que no quería crecer, siento que en el camino se ha perdido una dosis de inocencia que era tierna y muy cerca del corazón. Me da pena cuando noto esa pérdida. Yo misma, aunque siga siendo en muchas ocasiones muy ingenua, he sufrido esa transformación. Entiendo que es una evolución natural, propia del ser humano y de la vida misma. Pero no peco ni ofendo a nadie deseando que volviera esa frescura y esa inocencia. Para mí no existían los dobles sentidos ni más allá de lo que se decía. Todo era tan sencillamente simple que muchas veces anhelo esa sencillez. Sé que no volverá pero es tan bello poder soñar.
No comments:
Post a Comment